Presentación de la tercera edición del Foro de París sobre la Paz

Presentación de la tercera edición del Foro de París sobre la Paz por videoconferencia - Discurso de Jean-Yves Le Drian, ministro para Europa y de Asuntos Exteriores

Paris, 29 de abril de 2020

Señoras embajadoras, señores embajadores:

La crisis que vivimos actualmente me conmociona por su carácter sin precedentes y profundamente sintomático.

Su singularidad radica, evidentemente, en su extrema gravedad y en la magnitud de sus consecuencias, en todos los ámbitos.

En tan solo unos meses, el COVID-19 ha afectado y sigue afectando a millones de personas. Le ha dado un vuelco a nuestras vidas. Las conexiones internacionales se encuentran prácticamente paralizadas. Nunca antes nuestra generación había atravesado semejante adversidad. Nunca antes, en la historia reciente, habíamos debido enfrentarnos a una crisis tan brutal y masiva. Tanto es así que este momento podría marcar el fin de una época. Eso es, al menos, lo que dicen algunos comentaristas.

Yo, por mi parte, pienso más bien que esta crisis es en realidad increíblemente reveladora: si la examinamos de cerca, pone en evidencia la naturaleza de los desafíos y la fuerza de los peligros a los que la comunidad internacional ha debido enfrentarse desde hace muchos años y que seguirán siendo fuertes tendencias con las que tendremos que seguir conviviendo.
Por consiguiente, la crisis del coronavirus revela en primer lugar, de forma condensada y exacerbada, por así decirlo, la naturaleza de los desafíos internacionales del siglo XXI.

Lo común a dichos desafíos es que no conocen fronteras y que ningún país escapa de ellos: el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad, en el plano ambiental; las desigualdades mundiales, en el plano del desarrollo; el surgimiento de un terrorismo globalizado, en el plano de la seguridad; y la revolución digital, en el plano tecnológico. Frente a tales desafíos, el sentido común insta a buscar respuestas colectivas y concertadas.

Estos desafíos nos conciernen a todos. Nos afectan, generalmente, en momentos diferentes y en distintas medidas, hasta tal punto que algunos ignoran su alcance mundial y dan la espalda a sus responsabilidades. Esta vez, la propagación repentina del COVID-19 no deja lugar alguno a la ambigüedad: como los animales de la fábula de La Fontaine, estamos «todos afectados», en todos los continentes y, a pocas semanas de diferencia, en el mismo momento.
De manera que la solución solo puede venir de los esfuerzos que llevaremos a cabo juntos para combatir el virus. Frente a este, todos estamos en el mismo bando. Porque ninguno de nosotros podrá considerarse a salvo mientras no se haya controlado la pandemia. La salud de cada uno depende de la salud de todos. Por consiguiente, esta crisis nos recuerda los tres imperativos que deberían guiarnos siempre frente a los desafíos mundiales de hoy en día:

en primer lugar, el imperativo de coordinación, porque la actitud de «cada cual a lo suyo» solo puede conducir a la impotencia colectiva;
luego, el imperativo de cooperación, porque la unión hace la fuerza, y lo hemos comprobado cada vez que hemos podido contar los unos con los otros para contribuir al retorno de nuestros ciudadanos o transportar material sanitario;
y, por último, el imperativo de solidaridad, porque no todos disponemos de los mismos recursos para hacer frente a la crisis. Es esencial que la comunidad internacional apoye a los países más vulnerables, especialmente los países de África. Como bien saben, esta es una prioridad para Francia. Todo esto no es solo porque tenemos una visión humanista del mundo, por supuesto, sino también porque estamos convencidos de que se trata del interés colectivo.
La crisis del coronavirus también revela las fracturas que socavan el orden internacional desde hace años.

Me refiero, por supuesto, a la afirmación de las lógicas de potencia y a la sistematización de las relaciones de poder. Y lo hemos constatado: incluso en plena crisis de la pandemia, las rivalidades y las luchas por la influencia continúan, como si fuera un buen momento para divisiones.
Me refiero también a la oposición al multilateralismo, que aún hoy sigue teniendo detractores, contra toda lógica.
A mi juicio, existe un riesgo real de que la crisis actual acentúe dichas fracturas. Desde este punto de vista, el «mundo de mañana» podría ser mucho peor que el «mundo de ayer». Esto es, en sustancia, lo que hace poco declaré públicamente, y hoy me gustaría aclarar cualquier malentendido sobre el sentido de mis palabras: para mí, no es una fatalidad, una simple constatación de pesimismo y de renuncia. ¡Al contrario! Es una invitación a la reacción colectiva. Porque podemos, y en mi opinión, debemos hacer de esta crisis un acelerador de los cambios que todos necesitamos.

Ese es el camino que Francia y Europa se esforzarán por trazar en las próximas semanas y los próximos meses. La tercera edición del Foro de París, el próximo mes de noviembre, será un momento privilegiado para proseguir colectivamente esta reflexión.

Sin embargo, me gustaría indicarles desde ya algunas de nuestras prioridades, respecto a una cuestión que hoy nos atañe a todos: la cuestión de la gobernanza sanitaria internacional.

Para ser eficaz, esta gobernanza debe ser multilateral.
Debe basarse en la OMS, que desempeña un papel absolutamente indispensable y que debemos tratar de fortalecer y reformar.

También debe permitir una mejor coordinación de todos los agentes de la salud a nivel mundial.

Esta es la esencia del mensaje que vengo a transmitirles hoy, como un llamamiento a seguir unidos en esta crisis y a prepararnos, juntos, para hacer frente a las crisis que pudieran afectarnos en el futuro.
La OMS —ya lo dije y es algo en lo que quiero insistir— desempeña un papel absolutamente indispensable.

En primer lugar, por una razón de sentido común: la OMS es uno de los pilares del orden multilateral fundado tras la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, actualmente es la única organización de salud pública de ámbito universal. Por tanto, es fundamental para afrontar una pandemia, que, por naturaleza, también es universal.

Ahora bien, las críticas de las que ha sido objeto durante las últimas semanas no siempre han hecho justicia a su nivel de movilización.

La OMS presentó, a principios de febrero, un Plan estratégico de preparación y respuesta a la epidemia de COVID-19, que sirve de guía para todos los países.
Ha publicado más de 40 «orientaciones técnicas» que se actualizan a medida que avanzan los conocimientos sobre el virus. Todo ello es sumamente útil, ya que en medio de una nube de noticias falsas, es absolutamente crucial poder fundar nuestras decisiones políticas en los últimos avances de la ciencia.

Por último, la OMS coordina los esfuerzos de investigación, a fin de que podamos, juntos, desarrollar, producir y distribuir un tratamiento y una vacuna contra el COVID-19. Ese es nuestro horizonte común y el de la conferencia de donadores organizada el próximo 4 de mayo por la Unión Europea, que permitirá recaudar fondos durante las próximas semanas.

Por ello, en mi opinión, la comunidad internacional debe permanecer unida en torno a las Naciones Unidas y a la OMS. Aún no hemos dejado la crisis atrás, ni mucho menos, y no podemos darnos el lujo de debilitar el único instrumento universal del que disponemos para hacerle frente. Es una cuestión de coherencia y de pragmatismo. Digo bien «pragmatismo» porque si Francia promueve el multilateralismo, no es por razones de ideología. Es porque se trata de un método que ha demostrado su eficacia y que, ahora más que nunca, es el único pertinente para preservar los bienes públicos mundiales en los que está incluida la salud, junto con el clima, la biodiversidad, la educación y la seguridad alimentaria.

Por consiguiente, en su debido momento, tendremos que interrogarnos sobre lo que no funcionó suficientemente bien y lo que debe mejorarse, a fin de extraer todas las lecciones de lo que estamos viviendo y prepararnos para las próximas crisis sanitarias. Francia inició una reflexión a este respecto, en torno a las dos grandes prioridades que acabo de mencionar.

En primer lugar, es indispensable fortalecer la OMS, lo que puede hacerse mediante una serie de reformas.

Primero que nada, respecto a su papel normativo.

El Reglamento Sanitario Internacional, del que la OMS es garante, es un instrumento jurídico internacional vinculante para 196 países del mundo. Su objetivo es ayudar a la comunidad internacional a prevenir los riesgos graves para la salud pública, y también tiene por misión responder frente a dichas amenazas.

Por tanto, es un instrumento esencial y, como tal, debe poder ser aplicado plenamente por los Estados. Ahora bien, actualmente no disponemos de mecanismos de verificación en relación con dicho Reglamento Sanitario Internacional. Esto es algo en lo que debemos reflexionar. Tales mecanismos podrían adoptar diferentes formas: mecanismos de examen por pares, publicidad de las recomendaciones o inspecciones, teniendo presente que los posibles incumplimientos deberían tener consecuencias. Podría contemplarse la posibilidad de adoptar medidas coercitivas.

Fortalecer la OMS también implica fortalecer su función de alerta.
Ya está previsto que sea el Director General de la OMS quien realice la declaración de una emergencia de salud pública de alcance internacional, por recomendación de un comité de expertos independientes. Sin embargo, debemos ir más allá y dotar a la OMS de los medios para verificar, de manera independiente, la información sanitaria comunicada por los Estados.

Para poder actuar rápidamente, necesitamos transparencia y debemos saber en todo momento cuál es el estado exacto de la situación sanitaria internacional. Por esa razón, Francia está considerando la conveniencia de crear un «alto consejo mundial de salud humana y animal». Este consejo estaría encargado de alertar a los Gobiernos y de informar a las sociedades, como puede hacerlo el IPCC en lo que respecta al clima.

Además, consideramos —como habrán entendido— que la problemática de la salud humana debe abordarse en conjunto con las cuestiones ambientales y las cuestiones de biodiversidad. Porque es ilusorio soñar con una humanidad que goce de buena salud en un planeta enfermo. Nuestra salud, la naturaleza, la riqueza de la vida animal, son bienes comunes estrechamente vinculados entre sí. La única manera de velar realmente por ellos es protegiéndolos juntos. Olvidar uno significa poner en peligro los demás. Basta una cifra para convencernos de ello: según la OMS, el 60 % de las nuevas enfermedades infecciosas humanas son de origen zoonótico, es decir, animal.

Este alto consejo también permitiría fortalecer la plena coordinación, que se ha tornado indispensable, entre las organizaciones internacionales competentes: la OMS, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Asimismo, nos parece esencial fortalecer la función de sensibilización y de formación de la OMS.

Por tal motivo, Francia se comprometió junto a la OMS para la creación de una Academia de la Salud de la OMS en Lyon. Esta Academia permitirá mejorar las competencias del personal de la OMS, así como de los responsables políticos y de los profesionales de la salud.

Por último, pensamos que será necesario examinar, en su debido momento, de qué manera podemos cambiar las modalidades de financiación de la OMS. Por un lado, para darle un mayor margen de maniobra y, por otro, para garantizar su independencia.

Actualmente, solo una cuarta parte de su presupuesto se financia con contribuciones obligatorias de los Estados miembros, y el resto se financia principalmente con contribuciones voluntarias para fines específicos aportadas por algunos Estados y fundaciones privadas. En otras palabras, actualmente la OMS depende demasiado de la decisión política de los Estados de apoyarla o no apoyarla. Habrá que reflexionar en la creación de una financiación innovadora, como alternativa a las contribuciones voluntarias. Francia está dispuesta a participar en esta reflexión.

Nuestra segunda gran prioridad, que se articula con este primer proyecto, es fortalecer la coordinación de los agentes mundiales de la salud: la OMS, claro está, pero también las organizaciones financieras internacionales, los agentes privados y, por supuesto, los fondos multilaterales.

Estos fondos han mostrado lo que puede hacer el multilateralismo para la salud de los pueblos:

El Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria ha permitido salvar 32 millones de vidas desde su creación.
En 20 años, GAVI, la Alianza para las Vacunas, ha permitido vacunar a 760 millones de niños.
UNITAID permite a los pacientes más vulnerables acceder a los tratamientos que necesitan. Por ejemplo, tratamientos que permiten prevenir la transmisión del VIH de madre a hijo.
Francia se siente muy orgullosa de haber estado siempre al lado de estos actores de lo que yo llamo «el testimonio del multilateralismo».

Todos esos agentes reaccionaron enérgicamente a la crisis que estamos viviendo y no podemos sino felicitarnos por ello. Sin embargo, ha quedado de manifiesto que la arquitectura general está demasiado fragmentada y no dispone de recursos suficientes. Es fundamental que las diferentes instituciones trabajen mejor juntas, en el respeto de sus mandatos y de su valor añadido. El número de esos agentes constituye una riqueza, pero es esencial velar por su buena articulación para maximizar la inteligencia colectiva de la cual son portadores.
Para ello, la OMS también debe recabar apoyo a fin de seguir desempeñando su función de coordinadora de la respuesta de todos los donantes. Deberá tener el respaldo de los Estados miembros que también participan en la gestión de esos fondos y ganar peso frente a los socios que disponen de mayores recursos financieros, como los fondos multilaterales (ONUSIDA, Fondo Mundial, GAVI) o las instituciones financieras internacionales (Banco Mundial, FMI).

Asimismo, debemos reforzar el plan de acción mundial (Plan de Acción Mundial en favor de una Vida Sana y Bienestar para Todos), que reúne a los doce agentes multilaterales de la salud mundial en torno a compromisos que prevén una mayor coordinación entre ellos a fin de alcanzar, para 2030, el tercer Objetivo de Desarrollo Sostenible establecido por las Naciones Unidas. Dichos compromisos deben traducirse ahora en acciones concretas, ya sea en términos de investigación, de financiación o de soluciones sobre el terreno.
Para alcanzar ese tercer Objetivo, la cooperación entre los agentes multilaterales de la salud debe poder extenderse también al conjunto de los agentes de investigación y de desarrollo que intervienen a título bilateral.
Finalmente, unas palabras sobre el método.

En mi opinión, el propio método multilateral sigue siendo la herramienta más idónea para mejorar el funcionamiento de las instituciones multilaterales. En efecto, solo colectivamente, mediante el diálogo y la cooperación, podremos fortalecer nuestros instrumentos comunes de forma duradera. Ello implica rechazar tres enfermedades crónicas del multilateralismo: la retirada unilateral, el bloqueo sistemático y la instrumentalización en favor de los intereses propios.

Este es también el sentido de la reunión de la Alianza para el Multilateralismo que copresidí con mi homólogo alemán, Heiko Maas, el pasado 16 de abril, y en la que participaron más de veinte países de todos los continentes. La declaración que adoptamos —que todos los países comprometidos con la acción colectiva aún pueden suscribir— da varias pistas para avanzar frente a los desafíos que acabo de mencionar.

Es también por este motivo que el presidente de la República puso en marcha, el 24 de abril, una iniciativa coordinada en torno a la OMS y a los grandes agentes internacionales que participan en la respuesta a la crisis —los fondos verticales (GAVI, UNITAID y el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria), las fundaciones y la industria farmacéutica— sobre los diagnósticos, los tratamientos, las vacunas accesibles para todos y el fortalecimiento de los sistemas de salud.

Hoy, lo más importante, por supuesto, es responder a la emergencia. Pero mañana tendremos que abordar, juntos, todos los problemas fundamentales revelados por la crisis actual. Por ello, como se dijo anteriormente, el presidente de la República expresó su deseo de que el Foro de París sobre la Paz contribuyera a nuestros esfuerzos para encontrar respuestas a la altura de los desafíos, desarrollarlas y fortalecerlas. Además de la cuestión de la gobernanza de la salud pública mundial, de la que acabo de hablar, el Foro permitirá fortalecer la movilización en relación con dos otras cuestiones conexas de suma importancia:

La reconstrucción de una economía sostenible, con una cumbre de los bancos de desarrollo que estará dedicada a la financiación para el clima, y la lucha contra las «infodemias», que exigen un fortalecimiento de los esfuerzos iniciados en la primera edición del Foro sobre la lucha contra la manipulación de la información.
El nuevo multilateralismo que queremos construir con los europeos y con todos nuestros socios de buena voluntad es un multilateralismo inclusivo, abierto a todos los agentes de la sociedad civil internacional. Porque estamos convencidos de que estos tienen una parte significativa de las respuestas que estamos buscando. Aun así, consideramos que los Estados también han de desempeñar un papel central. Esa es la razón por la cual este año volverán a tener un papel protagonista en el Foro de París, que, como siempre, será inaugurado por los jefes de Estado y de Gobierno.
El éxito de las dos ediciones anteriores del Foro se debe en gran parte a ustedes, señoras embajadoras, señores embajadores. Sin su ayuda, no hubiese sido posible recibir en París a 65 jefes de Estado y de Gobierno en 2018, y a más de 140 delegaciones oficiales de alto nivel en 2019. Sobre todo, no hubiese sido posible poner en marcha o dar vida a las grandes iniciativas políticas a las cuales muchos de sus Gobiernos se han asociado: ya sea el Llamamiento de París para la Confianza y la Seguridad en el Ciberespacio, la Alianza para la Información y la Democracia, la Alianza para el Multilateralismo o muchas otras.

Por consiguiente, les pido que continúen ayudándonos, junto con sus capitales, a construir soluciones colectivas, soluciones solidarias e inclusivas, y a extraer juntos todas las lecciones de la crisis que estamos viviendo.

Por tanto, les doy cita nuevamente el próximo 11 de noviembre e invito a los países que cada uno de ustedes representan a apoyar la cooperación internacional y a nutrirla con nuevas iniciativas, en estos momentos en que es particularmente necesaria.

Gracias por su atención.

Última modificación: 13/05/2020

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